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La
construcción del héroe
Cuando
una persona toma la decisión de leer un libro,
asume, sin saberlo, sin tener conciencia crítica
de ello, un pacto: se compromete, frente a su futuro divertimento,
a suspender, mientras éste dure, su incredulidad
natural frente al mundo. Hace desaparecer su desconfianza
y se entrega, como un fervoroso creyente, a la historia
que le ofrece el libro elegido. Cree, aún en los
casos más extremos, aún cuando esa historia
le habla de seres extraños y fabulosos o de mundos
radicalmente diferentes al suyo.
Pero, para
que esta confianza que deposita el lector se mantenga,
es necesario construir un universo que respete, dentro
de su extrañeza, cierta coherencia, que no presente
anomalías y en el que los no menos extraños
personajes que allí aparecen, encajen y sean necesarios.
Es decir que debe construir un sistema narrativo complejo,
que funcione aceitadamente y en el que no se olvide nunca
que, de no preservar las normas que lo configuran, se
provocará, sin ninguna duda, el derrumbe del relato.
Por eso,
para hablar de El Señor de la Noche, Miller tiene
que recuperar, primero, la identidad de uno de los personajes
más importantes dentro de la historia del cómic
norteamericano. Porque, para poder matar a Batman, primero
tiene que definirlo.
Batman
es, designio inescrutable que padecen los personajes de
ficción, anacrónico. Está atrapado
en el tiempo: no cambia, no envejece, no sufre las contingencias
que padecemos los seres humanos. Desde hace 59 años,
desde que fuera creado en 1939 por Bob Kane, se nos vienen
contando historias diferentes (algunas no tanto) que acontecen
al mismo joven y apuesto millonario. Se podrá decir
que esto es una falacia, que es un error imperdonable
imaginar que Dennys O'Neill o Alan Grant evocan el mismo
universo cuando piensan en Batman. Es cierto, aunque también
lo es que aunque haya divergencias estéticas o
ideológicas en todos los Batmans que se han dibujado,
todos ellos tienen un punto en común: Batman es
Batman porque, entre otras cosas, está en edad
de serlo.
El Señor
de la Noche es 10 años más viejo. Estos
10 años han producido cambios: durante todo ese
tiempo Gotham City ha tenido que aprender a solucionar
sus problemas sola, sin la varita mágica del superhéroe.
Y en este emprendimiento, nos dice Miller, le ha ido bastante
mal.
Bruce Wayne
siente, entonces, que tiene que volver. Pero nada es gratuito
y esta vuelta no será tan sencilla como el millonario
cree: Batman ha perdido su lugar de privilegio, la gente
ha dejado de creer en él. Simplemente, es un viejo
que no podrá enfrentar a los nuevos villanos. En
este nuevo sistema, en este nuevo orden, Batman no encaja,
no es verosímil (¿cómo podría serlo
un superhéroe viejo?) ¿Cómo hacer funcionar,
entonces, al personaje?
Miller
resuelve este dilema poniendo en funcionamiento la "Maquinaria
Batman", es decir, activando todos aquellos elementos
que definen al personaje. El hombre y su circunstancia.
Batman, al aparecer, arrastra necesaria e inevitablemente
a sus demonios: podrá reconocerse como tal sólo
cuando se enfrente a sus viejos y queridos enemigos. Miller
debe recorrer todos los lugares comunes que han configurado
al personaje para poder demostrarnos que Batman ha vuelto.
Harvey Dennt, el Joker, Selina Kayle, sus compañeros
generacionales, lo reconocen y dan fe de ello. Dan fe,
aún a su pesar, porque esto los obliga a volver.
"No debiste volver, Bruce", le dice Selina, pensando,
seguramente, en los que ha activado. "¿Por qué
te lo tomas tan en serio, Bat? he sido tu deporte... Has
de admitirlo. Yo te seguí el juego...? reflexiona
el "recuperado" esquizoide.
Sólo
a partir del reconocimiento de sus enemigos, sólo
cuando Batman haya recurrido a todos sus trucos y sólo
cuando nos haya recordado que, al fin de cuentas, es un
huérfano que reclama venganza, sólo en ese
momento, lograremos reconstruir la identidad de Batman.
Sin
embargo, cuando aparece, ese Batman sigue siendo inverosímil:
los mutantes no reaccionan ante la sola mención
de su nombre. No lo reconocen, no le temen, no le creen.
Batman deberá cambiar, deberá convertirse
en el Señor de la Noche para poder encajar en esta
historia. (No es casual que en el primer enfrentamiento
con los mutantes sea derrotado). Sólo cuando viole
una de sus reglas primordiales y mate al Joker, dará
un paso hacia la trasformación. Cuando por fin
se dé cuenta que es necesario que Batman muera,
el Señor de la Noche se convertirá en leyenda,
se sabrá su verdadera identidad y dejará
de ser "un vigilante al que le ha pasado la edad", para
ser el "jefe" de un grupo de muchachitos que lo obedecen
ciegamente.
Miller
rompe en esta historia con dos reglas básicas en
un relato de superhéroes: 1- somete a las leyes
del tiempo a sus personajes y, 2- los mata (¿Quién
puede decir que Batman no murió?). Pone, de este
modo, fin al personaje y a las historias que a su alrededor
se puedan armar. Miller imposibilita a sus colegas. Después
de "El regreso del Señor de la Noche, ¿quién
se animará, seriamente, a contar una historia del
"detective"?
por Silvia Carut
Revista
El Picasesos N° 1
Las
imagenes incluidas corresponden a "The Darknight
Returns" . © Copyright DC Comics
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