TEBEOSFERA DICIEMBRE DE 2002
  
PATORUZITO
  

Un poco de historia

Posiblemente la mejor revista argentina de historietas publicada en el siglo ×× en Argentina hizo su aparición en vísperas de graves acontecimientos políticos, el 11 de octubre de 1945. Solamente seis días más tarde, el 17 de octubre, una revolución llevaría al poder por diez años al general Perón.

Patoruzito fue editada por el sindicato editorial Dante Quinterno, que publicaba Patoruzú desde 1936, y marcaba también una nueva época en la concepción de las revistas de entretenimiento con tiras dibujadas. Algo nuevo y apasionantemente exitoso surgía en la Argentina.

Como era la norma de la época, todas las historias de Patoruzito concluían con el inevitable "continuará", que trasladaba la acción hasta la siguiente semana, siendo la excepción a esto algún material importado ("Paquita Traviesa", "Etta Kett", "Juzgue Usted", etc.) Solamente en su último período como semanario, aparecen algunas historietas de aventuras completas de tres o más páginas.

El Patoruzito (como era popularmente conocido), fue una formidable revista de aventuras que marca, en la inmediata pos guerra, nuevos rumbos para la historieta argentina.

Copiada, pero no superada, no necesitó para su permanencia apelar a personajes extranjeros de éxito, pese a que también publicó material de origen yanqui e italiano desde el primer número. En esencia, era una publicación de narraciones de acción pura, contrastando con la tendencia anterior típica de la publicación argentina Billiken, y también procedente de los EE UU, que mostraba al dibujo como un complemento del relato escrito, en muchos casos sin globos de texto y con larguísimos epígrafes cuyos dibujos se limitaban a representar alguna circunstancia de la acción.

La presentación

Durante toda su vida editorial como semanario, prolongada por más de dos décadas y alrededor de mil números, Patoruzito, que aparecía en Buenos Aires los días jueves, cambió de tamaño varias veces. Comenzó con el gran formato de 28,5 × 22,5 cm. que se mantuvo hasta el número 322, de 3 de enero de 1952. A partir del número 323, el formato se redujo a 26,5 × 17,5 cm., durando esta etapa hasta el número 558 del día 26 de julio de 1956.

Desde el número 559 y hasta más allá del número 700, el tamaño será algo mayor, 28,5 × 19 cm. Pensamos que se mantuvo en este formato hasta su transformación en mensuario en 1962.

Las portadas eran desde el primer número muy atractivas, a pleno color, dibujadas por Quinterno y su equipo. Desde su primer número y hasta el número 280 de Marzo de 1951, bajo el dibujo de la portada aparecía una barra de color con la leyenda "Lea Hoy:" y a continuación un comentario sobre la aventura del caciquito que se publicada. La imagen de portada siempre estaba protagonizada por el pequeño cacique tehuelche Patoruzito, acompañado en la mayoría de los casos por su amigo Isidorito Cañones. Este protagonismo duró doce años, hasta el número 593 del 9 de mayo de 1957. En el siguiente número 594 cambiaron las características de presentación de la portada de la revista apareciendo en ella dibujos de otros artistas con escenas de historietas de aventuras, por hallarse en boga el género aventurero en la historieta argentina de este tiempo. También se agruparon las tiras cómicas en un Suplemento Cómico separable.

El material publicado

El material presentado por Patoruzito inicialmente y durante mucho tiempo, consistió en una buenísima mezcla de aventuras "serias", con material importado y nacional y de historietas cómicas o costumbristas dibujadas en su mayoría por artistas argentinos y dirigidas, estas últimas a los niños. Esto pudo ser la clave del éxito extraordinario de la publicación, pues todas estas últimas especialmente eran novedosas en su concepción y también excepcionalmente inteligentes, hasta la genialidad en el caso de "Langostino" de Ferro y de "Mangucho y Meneca" de Battaglia.

Desde el primer número , la página central estaba protagonizada por el mismo Patoruzito, dibujada a todo color y creado por Dante Quinterno, Tulio Lovato y Mirco Repetto. En el revés de estas hojas, aparecía "El Gnomo Pimentón" de Blotta y una tira costumbrista norteamericana, "Etta Kett", con una simpática visión del vivir de los años 40 y atractivos dibujos de Paul Robinson. A su vez, la parte de atrás de la portada y de la contratapa, estaban ocupadas por "Langostino, el navegante independiente", por "Mangucho y Meneca" y por la inefable "Paquita Traviesa", nombre autóctono de la yanqui Little Iodine de Jimmy Hatlo. Todas estas impresas solamente a dos colores. El resto de la revista estaba impresa en blanco y negro y constaba de material importado como "El Joven Capitán Marvel" (Captain Marvel Junior), Bruce Gentry, Flash Gordon, de Ale× Raymond, "Justicia Invisible", "La Piel de la Pantera Negra", "Juzgue Usted", "Rogelio, el Conquistador" (Buck Rogers), "Hugo y su Autómata", "El Trío Rayo", Ray Fulton, Wings Wendall y Connie.

El material "serio" nacional estaba magníficamente representado por "¡Ira Implacable!" de Raúl Roux, "Vito Nervio" de Cortinas y, luego, Breccia, "Mitzy y Volatín" de José Clemen, "Rinkel, el ballenero" de Tulio Lovato y "Hernán, el Corsario" del inmenso José Luis Salinas.

Con el correr del tiempo aparecerían en Patoruzito otras series inolvidables de gran valor en el mundo de la historieta argentina como "¡A la Conquista de Jastinapur!", obra de Cortinas y Wadel (número 16), "Conjuración en Venecia", de P. Castillo y Wadel (número 25), "Doctor Satán", Virus, tira italiana de Pedrocchi (número 27), "Rip Kirby", de Raymond (número 33), "Ella", de J.L. Salinas (número 38) y muchísimas más. También algún folletín ilustrado de Leonardo Wadel como "En una ciudad muerta del lejano Oeste" o "El club de los aventureros".

Algunas de estas historietas tuvieron gran aceptación como fue el caso de "Tucho, de canillita a campeón", de Carlos Freixas, posteriormente de Athos Cozzi (número 129); "Cisco Kid", J.L. Salinas; la serie "Clásicos de Patoruzito" con diversas novelas y obras maestras de la literatura universal dibujadas por Bruno Premiani; "Curro Bravo", del también español José Grau; "Aurelio, el Audaz" de Insúa y Mottini; "Los Hijos del Pueblo", con dibujos de Domínguez; "Lanza Seca" y "Fierro a Fierro", gauchescas históricas de Raúl Roux; "Aventuras de Miki"; "Tug Transom", etc.

Pasada mitad de la década de los años cincuenta, la revista decayó notablemente y disminuyó también el número de páginas y de series presentadas.

Solamente quedaban algunas de las señeras historietas nombradas. Tomando al azar el número 535, del 16 de febrero de 1956 encontramos el siguiente contenido: en el revés de la tapa, "Langostino", luego siguiendo las páginas, "Tucho, de canillita a campeón", "Rip Kirby", "El Hombre de Fuego" (novela de E. Salgari con dibujos de Bruno Premiani), "Mangucho con todo" (nombre de la inicial "Mangucho y Meneca"), "Tug Transom" (historieta inglesa), la doble página de Patoruzito, "La Trampa Africana", "Rinkel el ballenero", "Vito Nervio" y "El Gnomo Pimentón". Este elenco, pese a su aparente peso específico, resulta muy humilde comparado con el estupendo panorama de los primeros años.

El último ejemplar correlativo en nuestro poder, el número 633, del 13 de febrero de 1958, está totalmente impreso en blanco y negro, quedando solamente en colores la portada que representa una escena de "El Misterio del Centre-forward" (sic). El contenido era un poco más nutrido y había mejorado algo en calidad, aunque no demasiado. El mencionado "Suplemento Cómico" separable contenía "El Gnomo Pimentón", "Crosta y Constantino" (antigua historieta de Quinterno publicada veinte años antes en "Patoruzú"), Patoruzito, "Langostino", "Don Pascual" (tercera metamorfosis de la primitiva "Mangucho y Meneca") y "Don Almendro" de del Castillo. Había desaparecido de esta sección "Mumi", material importado publicado algún tiempo antes. Todo estaba impreso en económico blanco y negro.

Lo más destacado publicado posteriormente, fue la gran historieta gauchesca de Enrique Rapela, "El Huinca" y que abarcaba varias páginas.

Algunos personajes

Patoruzito contaba las aventuras del pequeño cacique, que se supone sería el indio Patoruzú en su infancia (aunque posteriormente aparecerían "jets" y otros elementos fuera de tiempo) acompañado por Isidorito, el posterior play boy Isidoro Cañones), su tío, el Coronel Cañones, todavía en servicio y vestido con uniforme militar antiguo, la Chacha, el mayordomo Ñancul, y el inefable Upa, aún bebé. Patoruzito era un indiecito noble y fuerte en contraposición con Chupamiel, el nieto del hechicero indígena Chiquizuel. También debía enfrentar al egoísta y cobarde Isidorito, que ya prefiguraba el carácter posterior del gandul Isidoro. Así, el casi siempre sonriente indiecito vencía a indios malos, cuatreros y ambiciosos extranjeros que pretendían saquear la Patagonia, según los inteligentes argumentos de Mirco Repetto.

"Langostino", una surrealista y onírica tira, tenía una frescura y humanidad que encantaba a todos sus lectores. El mundo del personaje era similar al humor de su creador, Ferro, ni totalmente bueno, ni totalmente malo y siempre con un toque melancólico y esperanzado.

Él era un navegante solitario, primeramente botero en el porteño Riachuelo, que navega mares ignotos visitando extrañísimos países e islas habitados por excéntricos seres que pretenden imponerle sus leyes, defectos y virtudes, muchas veces totalmente descolgados, pero que el marino desafía logrando en definitiva salvar su pellejo, aunque su honor a veces, queda lastimado, sobre todo cuando debe huir de rollizas enamoradas, casi siempre muy poderosas en sus tierras.

"Tucho, de canillita a campeón", llega a la revista en su número 129 del 25 de marzo de 1948. Tucho Méndez es un canillita (repartidor de periódicos) del barrio porteño de Almagro que llega a campeón de boxeo y tiene peligrosas aventuras por todo el mundo que se integran con sus encuentros boxísticos. A veces es perseguido por vampiresas que angustian a su buena noviecita y a su madre y hermanita que le aguardan en Buenos Aires.

Es acompañado invariablemente por su manager, Maynard, paternal y protector, y por su entrenador y "sparring", Socky, un hombre de color que nunca le dejó solo en su vida aventurera.

"Mangucho y Meneca" fue el nombre inicial de la tira, que como dijimos más arriba sufrió algunos cambios a lo largo de su prolongada permanencia en la revista. Sus protagonistas eran Don Pascual, un bondadoso almacenero de barrio que solía meterse en complejas situaciones hilarantes y una pareja de niños, Mangucho, su mandadero y Meneca. También un bobo cartero, descalzo y de imponente dentadura, Taraletti, devenido en cantor melódico. Varios agentes de policía sumamente bizarros, Dormiño y Grappini, un mendigo sabio al que acompañaban moscas y pulgas, el Doctor Pulguetti, Zazá, ampulosa y malhumorada novia eterna de Don Pascual y diversos superenemigos entre los que se destacaba el terrible Agustín, primo de Pascual y almacenero competidor enloquecido, que utiliza medios extrañísimos y aliados aún más raros para deshacerse de su pariente. En la tira había algunas alusiones disimuladas a la política del momento y además, como una historieta paralela, aparecían dos mozos de café gallegos que repetían un surrealista diálogo en inglés.

"Vito Nervio" era un detective argentino, porteño, de alto jopo y aventajada estatura cuyas aventuras ocurrían por lo general en otras latitudes: París, Londres, Egipto, el África, la Patagonia, Oceanía, etc. Fue la más famosa de las tiras de aventuras iniciada en Patoruzito y que se prolongó a lo largo de los años, hasta 1960 en memorables aventuras de las que recordamos como muy destacables las varias series contra "El Triángulo Verde", una siniestra organización delictiva con tres jefes encapuchados; la de "El Misterio de la Flor de Loto", en un Londres de la posguerra inmerso en la niebla y repleto de chinos, algunos buenos y otros malos; la fantasmagórica de "El Castillo de Barthelemy"; la de "El Peñón de las Ánimas" en las tormentosas costas de Bretaña; "La Rosa del Silencio", atómica y misteriosa incursión en el mundo de los atlantes; la magnífica "El Caso de Mansión Gris" con guiñolescos efectos de magia teatral y ambiciones de herederos; "El Caso del Kili-Kili-Usore-Buana", en el África negra; el ambiente circense de "La Máscara Infernal" y otras cincuenta aventuras de gran interés y magníficos dibujos.

Los guiones eran de Mirco Repetto y los dibujos de Cortinas en sus comienzos, siendo esta dupla suplantada por Leonardo Wadel y Alberto Breccia al poco tiempo. Estos últimos realizaron cincuenta y cinco de las sesenta aventuras publicadas hasta el número 633 de la revista.

"El Gnomo Pimentón" fue la producción más infantil de la revista y una de las de mayor duración, pues había comenzado en 1940 en el semanario Patoruzú. Estaba muy vinculado con los antiguos cuentos para niños, en su imagen y su accionar. Muy bien dibujado por Blotta, enfrentó numerosos ogros, magos y reyes y reinas malvados en castillos aéreos y terrestres, no exentos algunos de toques de ciencia-ficción.

En 1962 Patoruzito finalmente reducirá su tamaño a 20 × 14,5 cm., con 162 páginas reiniciando su numeración. Adoptará la modalidad de presentar historietas completas, la inmensa mayoría con material importado y reeditará algunos de sus viejos éxitos cómicos de factura nacional, transformándose en un mensuario más, entre los muchos publicados entonces en Argentina hasta su desaparición.

Su época y su estilo habían concluido.

  
Bibliografía:
Colección de Patoruzito semanal propiedad de H.M. Peiteado, núms. 1-633 y algunos de los siguientes.
Historia de la historieta argentina, C. Trillo y G. Saccomanno, Récord, Buenos Aires, 1980.
Historia de los comics, Toutain Editor, Barcelona, Barcelona, 1982
 
por Héctor Pérez Edía
Artículo publicado originalmente en Tebeosfera 021005
/ http://www.tebeosfera.com
  
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