QUE LA TORTILLA SE VUELVA

Buenos Aires, diciembre de 2002 (ANC-Utpba).- Despojos humanos, como en el Congo, Etiopía, Somalia. Pero, aquí en la Argentina. País que hasta no hace mucho fue mostrado al mundo como el mejor alumno del rampante y sonante neoliberalismo.

La televisión, la radio, diarios y revistas van y vienen con imágenes de escuálidos y moribundos. Revelando a toda hora la existencia de raquíticos, enfermos y muertos. Sin embargo, la efervescencia mediática no recala en la verdad histórica de, por lo menos, los últimos 26 años. Período de auge neoliberal en la Argentina, muy especialmente durante el menemismo.

Este drama, ahora agitado por los medios y conocido y denunciado por todos los que resistieron y resisten al modelo, no hace más que confirmar que las recetas aplicadas por el FMI, el Banco Mundial y el Departamento de Estado de Estados Unidos en nuestro país, obedecen al plan económico, político y social diseñado para Latinoamérica; con sus más y sus menos, país por país. Porque no hay casualidades. Hoy la región marcha a la cabeza en materia de las grandes desigualdades sociales. Con ricos criminalmente ricos y pobres cada vez más pobres. Cuestión ahondada desde mediados de la década del '70 y durante los años '80 y '90, a la par que se alardeaba con "achicar el Estado para agrandar la Nación", con la gobernabilidad y los supuestos beneficios de la "Tercera Vía", siempre dentro del envase neoliberal. Y mientras Bush (h) en las gateras, preparaba el programa bélico más costoso -en miles de millones de dólares- y más criminal del que se tenga memoria en la historia de la humanidad.

En ese tiempo -años '70, '80 y '90 y principio del nuevo siglo- los ricos sacaron de la Argentina 140.000 millones de dólares, sin responder jamás a la tonta plegaria de los políticos reclamando que retorne al país el dinero depositado en el extranjero. Los ricos, además, son los que se pasaron por las axilas las restricciones del corralito y del corralón -cuando estuvieron De la Rúa-Cavallo y luego Duhalde- y son, sin lugar a dudas, los que elevaron la deuda externa a 150.000 millones de dólares, tomando al Estado de rehén y privatizando las empresas públicas estratégicas; aumentando en los últimos 26 años en un 600% la pobreza y en millones de personas la desocupación. Y, por consiguiente: el hambre, la desnutrición y la muerte por enfermedades evitables, no evitadas. Esa es la pura verdad.

Eso es lo que hay detrás de las imágenes patéticas que hoy subrayan los medios, invitándonos a todos a practicar la caridad, frente a una devastación genocida. Vivimos las consecuencias de la aplicación sistemática de un plan de exterminio. Resultado de la rapacidad capitalista, en nombre del sagrado mercado. Ni más, ni menos.

Nota publicada en la Revista La Utpba, diciembre de 2002.


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