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Buenos Aires, noviembre de 2002 (por Fabián Kovacic, especial para ANC-Utpba) - Sesenta y una escritoras de América Latina se reunieron en Buenos Aires entre los días 29 y 31 de octubre pasados, para intercambiar experiencias y opiniones sobre el papel de la escritura femenina en la crisis latinoamericana actual, los medios de comunicación y la globalización. Organizado por el Centro Cultural Bernardino Rivadavia, de la ciudad de Rosario, y bajo la coordinación general de la escritora argentina Angélica Gorodischer, el Primer Congreso de Escritoras de América Latina se desarrolló en la biblioteca y el auditorio del Museo de Arte Latinoamericano en Buenos Aires (MALBA). Se trata además del Tercer Congreso Internacional de Escritoras, teniendo en cuenta que las dos versiones anteriores se desarrollaron en la ciudad de Rosario, en 1998 y 2000, con más de cien mujeres de los cinco continentes. Nueve mesas temáticas de debate albergaron las ponencias de las visitantes: Rescate de escritoras argentinas del siglo XIX; Rescate de escritoras latinoamericanas del siglo XIX; Narrativa y crítica en textos de mujeres; Escritura y género; Género y géneros; Marginalidad y creación; Estamos todas locas; ¿Existen para las mujeres las políticas culturales?, y El futuro tan temido. En paralelo con las ponencias se desarrollaron los foros de narrativa y poesía que convocaron especialmente a poetisas y narradoras del cono sur. La mayoría de estas mujeres están nucleadas en la Red Latinoamericana de Escritoras (Relat), presidida por la peruana Mariella Sala. En Brasil, la narradora Joyce Cavalccante es la titular de la Red Brasilera de Escritoras (Rebra) que cuenta con mil asociadas. En Argentina existe la Red de Escritoras Bonaerenses (Reba), una de cuyas fundadoras y referentes es la editora de la revista Feminaria, Lea Fletcher. De este encuentro participaron mujeres que llegaron a la escritura desde el periodismo, la investigación académica y en menor medidas mujeres del derecho. Entre otras llegaron a Buenos Aires, Aline Petterson (México), Ángela Hernández (República Dominicana), Cecilia Ansaldo (Ecuador), Hilia Moreira (Uruguay), Joyce Cavalccante (Brasil), Lilian Elphick y Pía Barros (Chile), Mariella Sala (Perú), Marta Aponte Alsina (Puerto Rico), Virginia Ayllón (Bolivia), Linda Berrón (Costa Rica), Laura Asturias (Guatemala). Por Argentina, estuvieron presentes Marta Ortiz, Norma Alloati, Mirian Pino, Lea Fletcher, Adriana fernández, Alicia Steimberg, Cecilia Luque, Delia Crochet, Manuela Fingueret, Elsa Fraga Vidal, Elsa Drucaroff, Tununa Mercado, Luisa Valenzuela, María Roso Lojo, Maria Granata, Hilda Rais, Liliana Mundani, Mónica Sifrim y Noemí Ulla, entre otras. La ausencia de editoriales y de figuras rutilantes de las letras femeninas no sorprendió a ninguna de las escritoras, acostumbradas al ninguneo de los centros de poder y de las cadenas editoriales. La periodista y escritora peruana, Mariella Sala -directora de la agencia Noticias Aliadas- se muestra escéptica con el rol de las editoriales multinacionales. "Estamos en una época en que la literatura dejó de ser arte, el libro se está convirtiendo en una mercancía. En algún momento fue una interesante propuesta la de Isabel Allende con La casa de los espíritus. Pero luego se convirtió en una forma de escribir y las editoriales multinacionales adoptaron como literatura femenina todo aquello que tuviera que ver con sagas familiares, la cocina y la mujer en su casa. En encuentros como este se ve la otra literatura de mujeres. La que no es complaciente". La chilena Pía Barros, narradora cuya última novela acaba de publicarse bajo el título "Los que sobran", a propósito de la exclusión social en los países latinoamericanos, agrega: "Cuando empezamos a escribir ¿qué queríamos? ¿Ser famosas, con casa en la playa y perro? Eso era cuando teníamos nueve años. Pero ¿qué queríamos cuando decidimos escribir en serio? Simplemente queríamos mostrar algo y que alguien, alguna vez lo leyera y dijera: yo alguna vez sentí eso o pensé eso. No sé si pensábamos en hacer superventas o en ocupar la portada de una revista. El sistema nos ha dicho que esa es la aspiración de una escritora. Y a eso apuntan los departamentos de marketing de las editoriales trasnacionales". Laura Asturias, feminista militante, sobrina nieta del Premio Nobel de Literatura, Miguel Angel Asturias (1967), analiza el rol de la militancia femenina desde una perspectiva diferente. "El nuevo feminismo ya no está centrado en los derechos de las mujeres. Entre las mismas feministas estamos rechazando esa corriente que propugnaba no tener nada que ver con todo lo que huela a hombre. Tenemos en claro la necesidad de trabajar junto a ellos y lograr que otros sean punta de lanza para a luchar por la equidad de todos, hoy destruida por los intereses neoliberales. Esta nueva mirada incluye la lucha por los derechos de la niñez, del desocupado, de los ancianos que no tienen seguro social, por ejemplo. Hay muchos feminismos, pero el que busca la equidad es más integral. En Guatemala en la red de mujeres periodistas apuntamos a la diversidad de la mirada. Como es esta realidad que padecemos a los ojos de la mujer negra, la blanca, la heterosexual, la homosexual, cada mujer en su diversidad. A eso apuntamos con la mirada femenina", sostiene. La argentina Angélica Gorodischer, agrega: "el feminismo es un movimiento político muy grande. Y una de las pocas revoluciones que no ha tenido retrocesos. Cuando una feminista escribe no lo hace para demostrar nada, sino acude al ensayo. Pero inevitable se trasparenta su ideología, al igual que el género. No se puede escribir sin ideología. Cuando hay conciencia de género eso se nota en el texto. Desde ya que no se entra a la narrativa por la puerta de la ideología, pero tampoco puede narrarse guardando la ideología en el tercer cajón de la cómoda. Sobre cualquier tema que se escriba hay dos cosas que no se puede prescindir, el género y la ideología". A su turno la brasileña Joyce Cavalccante, se refirió a la cuestión de las políticas culturales en América Latina. "No existen. Ni para los hombres, ni para las mujeres. Por una razón muy sencilla, nuestro continente tiene necesidades básicas que no son solucionadas como la alimentación, la vivienda, el agua potable y los derechos de los niños y los ancianos son conculcados permanentemente. En ese contexto es impensable imaginar políticas culturales para nadie. Tampoco hay que pedirlas, sino generarlas desde estos encuentros, las organizaciones sindicales, organismos no gubernamentales y en la lucha cotidiana. El poder está en manos de diez funcionarios que para colmo son hombres". En diálogo con ANC, Cavalccante consideró que "con el triunfo de Lula, recién ahora empieza la transición democrática en Brasil. Porque después de la dictadura militar Tancredo Neves murió apenas electo, Sarney fue un títere militar, más tarde vino la ficción de Collor de Melo, y el actual presidente, Fernando Henrique Cardoso, no es militar, pero es hijo de militares y todo su pasado progresista y académico no se vió en el ejercicio del poder. Ahora esta transición, no garantiza mejoras en las políticas culturales, pero si esperamos que se desarrollen mejoras en el campo social y en la lucha contra el hambre".
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