La reducción del poder adquisitivo, la inflación y la desaparición del crédito conjugaron un duro golpe para el mercado interno. Ahora, con la masa de compradores dramáticamente reducida, a fabricantes e importadores de audio y video no les queda otra que soportar los embates de la crisis hasta que las variables económicas indiquen algún signo de reactivación.
El año pasado en estas mismas páginas se hablaba del avance de las nuevas tecnologías cristalizadas en términos como "televisión interactiva", y hasta se apostaba sobre la futura revisión de la norma ATSC de televisión digital con vistas a una futura (y posible) unificación con Brasil, vecino clave y principal socio del Mercosur. Hoy esa realidad parece ubicarse a años luz en el tiempo. Archivados quedaron proyectos tan ambiciosos y términos como "retracción del mercado" parecen repetirse como una cinta sin fin entre los representantes de la industria.
El nuevo panorama arroja cifras no del todo alentadoras. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INDEC), durante el período comprendido entre enero y marzo, las importaciones de televisores se contrajeron en un 91,3 por ciento. Además, en el primer trimestre de 2002 se importaron sólo dos millones en mercadería, cuando en un año considerado "malo" como 2000, las importaciones fueron de 23 millones. Cifras elocuentes sin duda.
Desde hace un año la crisis también se hace sentir en la fabricación de televisores: en 2001 salieron al mercado 1.200.000 aparatos, la cifra más baja desde 1996 y los chasis armados directamente se dejaron de fabricar en el país.
Y el motivo no es solamente el valor de cambio luego de la devaluación, sino la retracción de los ingresos de la población en general. Así como en los diez años de la era menemista reinó el crédito en cuotas fijas y las familias argentinas reemplazaron todos los electrodomésticos que se venían deteriorando desde la década anterior, ahora habrá que "hacer durar" todos los aparatos, hasta los más económicos. Mientras tanto las empresas tienen que equilibrar su balanza ya, aunque el horizonte de la recuperación sea todavía bastante lejano. Extremos del abanico A pesar de los pronósticos de los fabricantes, en 2002 tampoco llegó la explosión del DVD. Hasta ahora el mercado de estos dispositivos sólo estaba compuesto por los llamados early adopters, por lo que las esperanzas estaban puestas para este año, pero entonces los precios treparon al cielo de la mano de la devaluación.
"Es un producto muy interesante porque, al tener una calidad de sonido que supera a los televisores convencionales, dispara otras demandas. Primero, el usuario de DVD detecta que requiere más parlantes, y una vez que agrega el sonido, también se hace obvia la necesidad de una pantalla más grande, más específica, porque mejora mucho la calidad de imagen. Sin duda el DVD es un disparador de mercados. Acá tiene mucho que crecer y venía bastante bien", explicó Florencia Pavese, audio and video comunications manager de Philips Argentina.
Con la crisis parece que la situación tiende a irse hacia los extremos del abanico socioeconómico. Los sectores de la población menos favorecidos habían quedado afuera del consumo antes de la crisis desatada con el "corralito". Los de mayor poder adquisitivo mantienen en parte su capacidad de compra y son los que siguen consumiendo. Es la clase media (los masivos C1, C2) que se valía del crédito para la compra de electrodomésticos, la que desapareció de un plumazo a la hora de consumir.
En este sentido, Rafael Vieyra, director comercial de Sony Argentina, explica cómo su firma atraviesa la crisis: "Tratamos de orientarnos a productos de mucho valor agregado que son bastante menos elásticos en el precio. La realidad es que todos nuestros productos fuertes, como pantallas planas, proyectores, notebooks, productos de interconectividad como cámaras digitales, son los que menos han sentido el impacto, incluso algunos están creciendo. Tal vez sea por el costo: ahora estamos con el mismo precio que en Estados Unidos. Los productos de alto valor agregado, premium, con alto grado de diferenciación, son los que mejor están aguantando el impacto y son, a su vez, aquellos en los que nosotros como marca nos concentramos".
Ubicarse en este segmento del mercado es una de las pocas posibilidades para la venta de electrónicos. "Eso es lo que nos salva de meternos a pelear en mercados de muchísima pérdida. Si uno quiere salir a pelear los precios de un 20 pulgadas, convencional, no plano, se encuentra con un mercado donde hay mucha comoditización. La marca importa cada vez menos y se compite por precio. Se está vendiendo por debajo del costo porque hay capacidad ociosa de producción y la gente no puede comprar esos productos. Así que este sector es el más perjudicado", define el directivo. Fabricar o importar Según difundió recientemente Philips, ya comenzó a producir en su planta de Tierra del Fuego, el modelo de pantalla plana D-Wide. "Si nosotros importáramos tendríamos grandísimos aranceles aduaneros que se sumarían al producto. Es lo que estaba pasando en el mercado. Por otra parte, la inversión requerida para fabricar un producto como D-Wide tampoco es muy alta, porque la fábrica está instalada", explica Florencia Pavese.
Lo cierto es que en el caso de Philips, el mercado interno no es el único destinatario de la producción de Tierra del Fuego, la exportación se presentó como la alternativa salvadora: "La clave es exportar. Estamos vendiendo a Chile, que es un mercado chico, y ya están en camino Uruguay y Paraguay y otros mercados de Latinoamérica. Es una innovación, porque tradicionalmente la fábrica de Tierra del Fuego era para consumo interno".
En el caso de Sony, la fabricación y el abastecimiento se manejan en función de las capacidades de la corporación y sus plantas en diferentes partes del mundo. "Una fuente de abastecimiento muy importante para nosotros es Brasil. Depende de los modelos, algunos vienen de Estados Unidos, otros de la fábrica de México, tenemos un abastecimiento mundial. Algunos productos se están fabricando mediante terceros en Tierra del Fuego. Pero en todo caso el porcentaje de componentes importados es muy alto: representan cerca del 90 por ciento del precio", dice Rafael Vieyra.
Claro que en uno y otro caso los inconvenientes están dados por la retracción del mercado interno: "El mercado se achicó muchísimo porque, en primer lugar, la brecha entre los ingresos de los consumidores y los nuevos precios de los productos se agrandó mucho. En segundo lugar, desapareció la financiación minorista que es importantísima; y por último, se dio un desabastecimiento a partir de ciertas medidas del gobierno que hicieron que muchas compañías no pudieran importar por falta de crédito exterior. Sony en particular no se vio afectada por este último factor por ser parte de una corporación".
Polémica por los formatos |
| En la cresta de la ola tecnológica dos son las marcas que se disputan el mercado de televisores en Argentina: Sony y Philips.
La diferencia fundamental es el tamaño de la pantalla. Alargada como en el cine es la propuesta que llega del lado de Philips con el D-Wide. Mientras que la línea Wega de Sony continúa con el formato tradicional, pero con la atractiva pantalla plana.
La primera se adapta al formato DVD y, en algunos países, también a las señales televisivas que se emiten en ese formato. El tradicional cuatro tercios, tiene a su favor, justamente ser el formato para el que está hecho la emisión televisiva en Argentina.
“La realidad es que todas las señales de Argentina y Latinoamérica son cuatro tercios, así que el widescreen no es un formato apropiado para ver TV. Hay investigaciones que dicen que el 95 por ciento del uso de los televisores es para ver televisión y sólo el cinco por ciento es para ver películas en DVD. Sony tiene este formato en otros países, donde hay emisión de señal de widescreen. Nosotros no queremos tener productos que no son apropiados para el mercado, queremos que se adapten bien al mercado local”, es la explicación de Rafael Vieyra, y agrega: “Lo que pasa es que Sony es líder absoluto en pantalla plana y es muy difícil competir con nosotros. La diferenciación te hace diferente, aunque no necesariamente mejor”. |
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